El peligro del Traductor de Google

El peligro del Traductor de Google
Cuando queremos traducir algún documento que no está escrito en nuestra lengua materna, nos enfrentamos a un gran reto. Muchas personas, conscientes del trabajo que hay que realizar, deciden contar con los servicios de un traductor experto. Muchos otros se decantan por la utilización de un traductor en línea, y si además eres una persona práctica, lo más posible es que utilices el traductor por excelencia: Google Translate. Lo cierto es que este traductor ha adquirido cierta relevancia en los últimos tiempos y es utilizado, muchas veces a la ligera, por 200.000 personas y entre ellos, científicos y estudiantes. Los mayores problemas nos lo encontramos cuando son los intelectuales con ayuda del traductor de Google los que se encargan de redactar documentos oficiales. Y aquí entra en juego su mayor enemigo: el contexto. Lo cierto es que un traductor automático no tiene en cuenta el momento en el que se desarrolla el texto, el entorno implícito y el objetivo con el que las personas escriben los documentos. Es decir, vulneras aquello que el autor quiere decir. Y sino que se lo pregunten al Ayuntamiento de Santander; de repente en su página web, el Centro Botín se convirtió en ‘Loot Centre’ (centro del pillaje) y el casco histórico de la ciudad en ‘historic helmet’ (casco sí, pero de moto).
 
Aunque no debemos menospreciar todos los esfuerzo que está haciendo la empresa de Silicon Valley para cambiar esa imagen que se tiene hacia una de sus herramientas más populares. En el año 2014, pusieron en marcha un nuevo algoritmo basado en el llamado ‘aprendizaje profundo’ que cuenta con un enfoque estadístico y no gramatical. Es decir, se encarga de analizar enormes cantidades de texto y busca aquellos patrones que se relacionen con palabras o frases. También, tenemos que tener en cuenta que Google Translate es una máquina. Por tanto, no sabe gramática ni historia, han leído libros pero desconocen la verdadera literatura. Además, son demasiado literales y son expertos en obras técnicas aunque cojean con las literarias.
 
Pero, lo de ‘meter la pata’ con el traductor no solo lo hacemos nosotros; el equipo noruego que participó en los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang (Corea del Sur) se vio sorprendido cuando se encontró con 15.000 huevos, tras haber pedido 1.500 para su alimentación. El error se originó tras traducir del noruego al coreano, ya que en este idioma la diferencia entre ambos números es de solo una sílaba.
 
Por tanto, cuando nos decidimos a escribir un documento que no es en nuestro idioma tenemos que prestar una gran atención a su traducción. Debemos intentar contar con la ayuda de un experto, para que nuestro texto se acerque lo máximo posible a la lengua que vamos a traducir. Especial atención tendremos que tener cuando hacemos lo propio con los documentos jurados, como dicen los italianos ‘Traduttore, tradittore’ (traductor, traidor).

Author: Linguavox

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